miércoles, 13 de enero de 2016

CUENTOS DEL MUNDO: MARRUECOS -Yoha o el Asno Metálico-

YOHA O EL ASNO METÁLICO

Un día Yoha regresaba a su jaima montado en su burro, el cual cargaba una gran cantidad de leña. De repente, entre nubes de arena, vio a un hombre montado encima de un artefacto muy ruidoso que se acercaba velozmente hacia él. Aquel hombre venía de la ciudad y Yoha, que era beduino, desconfiaba de él. El hombre de la ciudad se quedó muy sorprendido ante la enorme carga que podía soportar el burro de Yoha, y pensó que sería bueno intercambiar su moto por el animal. Sin embargo, el hombre ignoraba que el  burro era mucho más lento que su vehículo. Yoha, convencido por los argumentos que le dio el hombre de la ciudad, aceptó sin dudar, pensando que aquel “asno metálico” podría llevar la carga sin mucho sufrimiento.
Ambos emprendieron su camino y, cuando se separaron, Yoha fue incapaz de poner en marcha la motocicleta. Pensaba que no arrancaba porque tenía hambre así que llenó el depósito con hierbas y le dio con el bastón repetidamente, pero no resultó. Llorando su mala suerte, abandonó el aparato creyendo que estaba muerto. En la otra parte de la colina, el hombre de la ciudad, extrañado ante la lentitud del burro y sus repetidas paradas, pensó que lo que necesitaba era carburante y le obligó a beber una gran cantidad de gasolina, causándole la muerte. En definitiva, la estupidez de los dos fue muy clara sin importar su origen.


Tagin de pollo con limón (receta marroquí)

INGREDIENTES
Un pollo troceado
2 limones confitados.
Una cebolla grande.
Aceitunas verdes.
Sal, pimienta negra,
jengibre, azafrán.

En un Tagin (cacharro de barro típico de Marruecos) rallamos la cebolla, ponemos el pollo, aceite de oliva y las especias. Ponemos el Tagin en el fuego. Cuando ya está casi hecho, añadimos las aceitunas prelavadas y los limones (cortados en 4) dejándolo en el fuego lento 15 minutos más.



FILEMÓN Y BAUCIS

ZEUS Y HERMES EN CASA DE FILEMÓN Y BAUCIS (Jacob van Oost)
Filemón y Baucis eran dos ancianos que vivían en una cabaña muy humilde.
Un día Zeus (Júpiter) y Hermes (Mercurio) bajaron a Frigia, disfrazados, para poner a prueba la bondad y hospitalidad de las gentes. Vagaron durante mucho tiempo por el pueblo pidiendo un lugar donde descansar y reponer fuerzas, pero nadie se dignaba a darles cobijo.
Hasta que llegaron a la choza de Filemón y Baucis, los cuales no solo les permitieron pasar dentro sino que, a pesar de ser pobres y humildes, les agasajaron con toda la comida y bebida que podían ofrecer. Incluso estaban dispuestos a cocinarles la única oca que tenían en su establo. La oca intentaba escapar de los dos ancianos, que apenas podían perseguirla, y fue a esconderse donde estaban los dioses (que es lo que representa el cuadro).
En ese momento Zeus y Hermes se dieron a conocer y los dos ancianos quedaron totalmente asombrados al contemplar quiénes eran en realidad sus invitados. Los dioses les agradecieron infinitamente su hospitalidad y les invitaron a acompañarles a lo alto de un monte para que no fueran víctimas del castigo que iban a imponer a todos los habitantes del pueblo por haber sido egoístas y negar ayuda a dos necesitados. Entonces enviaron un diluvio que destruyó todas las casas y en el lugar donde estaba la de los ancianos apareció un templo.
En agradecimiento por haber sido tan amables con ellos, los dioses les concedieron un deseo. Filemón y Baucis, lejos de pedir poder y riqueza, solicitaron ser sacerdotes de ese templo y cuando llegase su hora final, morir juntos. Los dioses, impresionados por la bondad y el amor que se profesaban los dos ancianos, les concedieron su deseo. Así, tras una larga y feliz vida juntos, cuando estaban en el umbral de la muerte, fueron metamorfoseados en árboles: Filemón en encina y Baucis en tilo, uno a cada lado de la entrada del templo que tan fielmente habían guardado en vida.



CUENTOS DEL MUNDO: CHINA -La Oveja Tigre-

LA OVEJA TIGRE  (Cuento popular) 

Érase una tigresa que estaba en muy avanzado estado de gestación. Eso no le refrenaba sus impulsos felinos de abalanzarse contra los rebaños de ovejas. Y en una de esas ocasiones alumbró un precioso cachorro y no logró sobrevivir al parto. El cachorro fue recogido por las ovejas. Se hicieron cargo de él, dándole de mamar y cuidándolo con mucho cariño. El felino creció entre las ovejas, aprendió a pastar y a balar. Su balido era un poco diferente y chocante al principio, pero las ovejas se acostumbraron. Aunque era una oveja corporalmente bastante distinta a las otras, su temperamento era como el de las demás y sus compañeras y compañeros estaban muy satisfechos con la oveja-tigre. Y así fue discurriendo el tiempo. La oveja-tigre era mansa y delicada.
Una mañana clara y soleada, la oveja-tigre estaba pastando con gran disfrute. Un tigre se acercó hasta el rebaño y todas las ovejas huyeron, pero la oveja-tigre, extasiada en el alimento, seguía pastando. El tigre la contempló sonriendo. Nunca había visto algo semejante. El tigre se aproximó al cachorro y, cuando éste levantó la cabeza y vio al animal, exhaló un gritó de terror. Comenzó a balar desesperadamente.
- Cálmate, muchachito - le apaciguó el tigre -. No voy a hacerte nada. Al fin y al cabo somos de la misma familia.
- ¿De la misma familia? - replicó sorprendido el cachorro -. Yo no soy de tu familia, ¿qué dices? Soy una oveja.
- Anda, acompáñame - dijo el tigre. El tigre-oveja le siguió.
Llegaron a un lago de aguas tranquilas y despejadas.
- Mírate en las aguas del lago - dijo el tigre al cachorro. El tigre-oveja se miró en las aguas. Se quedó perplejo al contemplar que no era parecido a sus hermanas las ovejas.
- Mírame a mí. Mírate a ti y mírame a mí. Yo soy un poco más grande, pero ¿no compruebas que somos iguales? Tú no eres una oveja, sino un tigre.
El tigre-oveja se puso a balar.
- No bales - le reprendió el tigre. Y a continuación le ordenó:
- Ruge. Pero el tigre-oveja siguió balando y, en días sucesivos, aunque el tigre trató de persuadirle de que no era una oveja, siguió pastando.
Pero unas semanas después el tigre le trajo un trozo de carne cruda y le conminó a que lo comiera. En el mismo momento en que el tigre-oveja probó la carne cruda, tuvo conciencia de su verdadera identidad, dejó el rebaño de ovejas, se marchó con el tigre y llevó la vida propia de un felino.



CUENTOS DEL MUNDO: CHINA -El Miedo-

EL MIEDO (Anónimo)

Según un cuento chino, un rey famoso por su coraje y ecuanimidad, perdió casi todo su reino y hasta el último de sus soldados como consecuencia de los violentos ataques y saqueos de las hordas bárbaras. No le quedaban más que dos servidores y su castillo era el último bastión que impedía a los conquistadores dominar sus territorios y esclavizar las aldeas diezmadas por el continuo acoso. Llegó el día en que se supo que los bárbaros avanzaban hacia las puertas de la ciudad con la intención de poner cerco al palacio. Se cuenta que esa noche, cuando llegaron las noticias del avance enemigo, se vio el rostro del monarca marcado por el temor y la responsabilidad, pero en ningún momento abatido por el miedo.
Al amanecer el rey ordenó a sus servidores que abrieran todas las puertas y ventanas, y acto seguido se instaló en una de las almenas a fin de observar la llegada de los invasores. Inmutable, les vio avanzar hasta la escalinata de palacio. Pero su serenidad perturbó hondamente a los bárbaros. Éstos supusieron que les esperaba una trampa en su interior. En vez de poner cerco a aquel lugar, el jefe reunió a sus hombres y tocó a retirada. El rey dijo entonces a sus servidores:
-Ved, y no olvidéis nunca que, una misma emoción, el miedo, a ellos les ha impulsado a huir atemorizados y a nosotros nos ha motivado a permanecer en nuestro puesto, encontrando una respuesta creativa a tan atemorizante situación. 



PINTURA Y MITOLOGÍA

Muchos famosos pintores han dedicado parte de su obra a escenas de la mitología grecorromana. He aquí una pequeña muestra de ello:

LAS HILANDERAS (Museo del Prado, Madrid)
Cuadro pintado por Diego Velázquez (Sevilla, 1599 - Madrid 1660) hacia 1657. Representa la fábula de Aracne, que fue convertida en araña por desafiar a los dioses.


EL TRIUNFO DE BACO (Museo del Prado, Madrid)
Cuadro pintado por Diego Velázquez (Sevilla, 1599 - Madrid 1660) hacia 1629. Aunque se llama EL TRIUNFO DE BACO, el cuadro es conocido popularmente como LOS BORRACHOS. Representa a Baco como el dios que premia o regala a los hombres el vino que los libera temporalmente de sus problemas.


LA FRAGUA DE VULCANO (Museo del Prado, Madrid)
Cuadro pintado por Diego Velázquez (Sevilla, 1599 - Madrid 1660) en Roma hacia 1630, durante su primer viaje a Italia.  Aquí podemos a ver al dios Apolo que visita el taller de Vulcano, el herrero de los dioses.


HÉRCULES MATANDO AL DRAGÓN (Museo del Prado, Madrid)
Cuadro pintado en el taller del famoso pintor alemán Peter Paul Rubens (1577-1640) entre 1635 y 1640.
En los últimos años de la década de 1630, poco antes de su muerte, Rubens recibió varios encargos para decorar con escenas mitológicas el Alcázar o el Palacio Real de Madrid. La escena de este cuadro representa uno de los doce trabajos que el rey Euristeo impuso a Hércules: el famoso héroe debía obtener las manzanas de oro del Jardín de las Hespérides y que proporcionaban la inmortalidad. Estaban vigiladas por un dragón al que Hércules debía vencer para conseguir el botín.


BACO (Galería Uffizi, Florencia, Italia)
Cuadro pintado por el italiano Caravaggio hacia 1595. Representa a un joven dios Baco, reclinado con uvas y hojas de parra en el pelo, manoseando el cordel de la toga que le cubre. Sobre una mesa de piedra hay un bol de fruta y una jarra grande de cristal con vino tinto; en su mano izquierda ofrece al espectador una copa de vino llana y ancha.


EL JUICIO DE PARIS (Fondazione Giorgio Cini, Venecia, Italia)
Cuadro pintado por el italiano Sandro Botticelli (1445-1510)  hacia 1485. Representa el episodio mitológico en el que Paris, mientras apacienta sus animales en el monte Gárgaro, recibe la visita de Afrodita, Hera y Atenea. El príncipe pastor debe decretar cuál de las tres diosas es digna de recibir la manzana que la declare como la más bella.



ODISEO EN LA CUEVA DE POLIFEMO (Museo Pushkin, Moscú)
Cuadro pintado por el belga Jacob Jordaens (1593-1678) hacia 1630. En el canto IX de la ODISEA de Homero, una partida de reconocimiento encabezada por Odiseo (Ulises) llegó a la isla de los Cíclopes cuando volvía de la Guerra de Troya. Entraron en una cueva a darse un banquete, sin saber que era la guarida de Polifemo, quien nada más llegar se encerró con los intrusos en la cueva. Empezó a devorarlos a todos, pero Odiseo urdió un astuto plan para escapar.



ULISES Y LAS SIRENAS (National Gallery of Victoria, Melbourne)
Pintado por John William Waterhouse (1849-1917), artista nacido en Roma y de padre inglés, realizó esta obra en 1891.
El autor representa el episodio de la Odisea en que el protagonista huye de las sirenas que eran seres que atraían a los navegantes a la costa con su canto mágico y al acercarse los barcos estallaban en los arrecifes. Entonces devoraban a todos los ocupantes.
Waterhouse pinta a las sirenas en su forma original, como genios marinos mitad mujer y mitad ave, aunque la representación más común es de mujeres con cola de pez en lugar de piernas.



LA BARCA DE CARONTE (Museo de Bellas Artes, Valencia)
 Pintado por el valenciano José Benlliure (1855-1937) en 1909.  Representa a Caronte, el barquero del Infierno, transportando en su barca las almas de los difuntos al mundo de los muertos. Los difuntos debían llevar un óbolo (antigua moneda griega de plata) para pagar su viaje al más allá, razón por la cual en la antigua Grecia se enterraban con una moneda en la boca o sobre los ojos. Los que no podían pagar tenían que vagar durante cien años por las riberas del Aqueronte (uno de los cinco ríos del inframundo): pasado este tiempo, Caronte accedía a llevarlos sin cobrar. Todo se hundía en este río excepto la barca de Caronte.



ULISES Y POLIFEMO
Es un grabado de 1886 que representa a Ulises sirviendo vino al Cíclope Polifemo.









martes, 12 de enero de 2016

CUENTOS DEL MUNDO: CHINA - El Antiguo Consejo-

EL ANTIGUO CONSEJO  (Taisen Deshimaru)

Había una vez un campesino chino, pobre pero sabio, que trabajaba la tierra duramente con su hijo. Un día el hijo le dijo:
- ¡Padre, qué desgracia! Se nos ha ido el caballo!
- ¿Por qué le llamas desgracia? - respondió el padre - ¡Veamos que trae el tiempo!
A los pocos días el caballo regresó, acompañado de una yegua.
-¡Padre, qué suerte! -exclamó esta vez el muchacho - Nuestro caballo ha traído una yegua.
- ¿Por qué le llamas suerte? - repuso el padre - Veamos qué nos trae el tiempo.
En unos cuantos días más, el muchacho quiso montar la yegua, y ésta, no acostumbrada al jinete, se encabritó y lo arrojó al suelo. El muchacho se quebró una pierna.
- ¡Padre, qué desgracia! - exclamó ahora el muchacho-. ¡Me he quebrado la pierna!
Y el padre, retomando su experiencia y sabiduría, sentenció: - ¿Por qué le llamas desgracia? ¡Veamos lo que trae el tiempo!
El muchacho no se convencía sino que gimoteaba en su cama. Pocos días después pasaron por la aldea los enviados del rey para movilizar a los jóvenes y llevárselos a la guerra. Vinieron a la casa del anciano, pero como vieron al joven con su pierna entablillada, lo dejaron y siguieron de largo. Al poco tiempo estalló la guerra y la mayor parte de los jóvenes murieron en el campo de batalla y solo se salvó el joven campesino debido a su cojera. El joven comprendió entonces que nunca hay que dar ni la desgracia ni la fortuna como absolutas, sino que siempre hay que darle tiempo al tiempo, para ver si algo es malo o bueno.

La moraleja de este antiguo consejo chino es que la vida da tantas vueltas, y es tan paradójico su desarrollo, que lo malo se hace bueno, y lo bueno, malo. 



lunes, 11 de enero de 2016

LAS SIETE MARAVILLAS DEL MUNDO ANTIGUO

EL TEMPLO DE ARTEMISA EN ÉFESO



El famoso Templo de Artemisa (Diana en Roma) se hallaba en la antigua ciudad de Éfeso, actual Turquía, y fue erigido en honor de la diosa Artemisa por el rey Creso de Lidia. Tardó 120 años en ser construido y fue destruido por un incendio en el año 356 a. C.
Artemisa, hermana de Apolo, era idolatrada en Éfeso. La diosa era representada con una corona amurallada, símbolo de Cibeles. Era hija de Zeus y hermana gemela de Apolo. Se la veneraba como una diosa indomable, capaz de dar y quitar la vida a su antojo. Para contentarla, el rey Creso de Lidia en el año 550 a. C.  la honró con este templo. Dentro se hallaba la estatua de Artemisa, de 2 metros de altura, elaborada con madera de cepas de uva y recubierta con plata y oro.
Según las descripciones de Plinio el Viejo el templo seguía los cánones clásicos de los templos griegos. Sobre un basamento se alzaba el templo rodeado por 127 columnas de orden jónico de 18 metros de altura cada una. El templo tenia unas medidas de 115 metros de largo por 55 metros de ancho y estaba realizado todo en mármol de color blanco. 
En la actualidad no se conserva casi nada, excepto alguna columna en el lugar y otros restos en el Museo Británico de Londres.




LOS JARDINES COLGANTES DE BABILONIA


En realidad los Jardines Colgantes de Babilonia hay que entenderlos como una construcción formada por terrazas escalonadas que eran utilizadas como jardines.
No está claro que existieran en realidad. Según se cuenta, el rey Nabucodonosor estaba casado con la princesa meda Amytys la cual añoraba su país lleno de vergeles y jardines que nada tenían que ver con la zona seca y árida de Mesopotamia (actual Irak); el rey ordenó construir los jardines para que le recordaran a su amada esposa su país de nacimiento.

Fueron construidos por el rey babilónico Nabucodonosor II el año 600 a. C. Al ser una serie de terrazas casi totalmente cubiertas de plantas, árboles y jardines de todo tipo, desde la distancia daba la sensación de que colgaran sobre el aire. Un complicado sistema hidráulico permitía traer agua del río Eufrates hasta la parte superior y luego descendía para regar aquella enorme cantidad de vegetación.
Tras diversos saqueos, la ciudad quedó en ruinas y no hay ningún resto que pruebe que realmente alguna vez existieron.


Controversias Jardines Babilonia


Como viajero incansable, el ingeniero Filón de Bizancio (280-220 a. C.), narra cómo eran a sus ojos los Jardines Colgantes de Babilonia en su obra ‘Siete Maravillas de la Antigüedad’:
Crecen allí los árboles de hoja ancha y palmeras, flores de toda clase y colores, y, en una palabra, todo lo que es más placentero a la vista y más grato a gozar. Se labra el lugar como se hace en las tierras de labor y los cuidados de los renuevos se realizan más o menos como en tierra firme, pero lo arable está por encima de las cabezas de los que andan por las columnas de abajo.
Las conducciones de agua, al venir de las fuentes que están a lo alto, a la derecha, unas corren rectas y en pendientes, otras son impulsadas hacia arriba en caracol, obligadas a subir en espiral por medio de ingeniosas máquinas. Recogidas arriba en sólidos y dilatados estanques, riegan todo el jardín, impregnan hasta lo hondo las raíces de las plantas y conservan húmeda la tierra, por lo que, naturalmente, el césped está siempre verde y las hojas de los árboles que brotan de tiernas ramas se cubren de rocío y se mueven al viento. La raíz, nunca sedienta, absorbe el amor de las aguas que corren por doquier y, vagando bajo tierra en hilos que se entrelazan inextricablemente, asegura un crecimiento constante de los árboles. Es un capricho de arte, lujoso y regio y casi del todo forzado por el trabajo de cultivar plantas suspendidas sobre las cabezas de los espectadores.



















EL MAUSOLEO DE HALICARNASO



El Mausoleo de Halicarnaso era una tumba monumental de mármol blanco que fue construido en honor a Mausolo, rey de Caria (Turquía). La idea fue de su esposa Artemisa II.  La construcción comenzó durante su reinado y terminó alrededor del año 350 a. C., tres años después de la muerte de Mausolo y un año después del fallecimiento de su esposa.
La construcción de esta monumental tumba fue encargada a los arquitectos Sátiros y Piteos. Tenía una estructura rectangular de 30 por 40 metros y sobre ella 117 columnas jónicas en dos hileras sosteniendo el techo en forma de pirámide escalonada, y sobre este último la estatua de una cuadriga con las efigies del rey y la reina, alcanzando en conjunto unos 50 metros de altura. Para completar esta maravilla, los mejores escultores griegos de la época tallaron figuras y relieves en su estructura. El número total de estatuas ascendió a 444, aproximadamente. Culminaba con una estatua y un carro de cuatro caballos. Soportó las invasiones y destrucción de la ciudad por parte de Alejandro Magno, los bábaros y los árabes. Finalmente, fue destruido por un terremoto en 1404. En 1522 los caballeros de la Orden de San Juan levantaron el castillo de San Pa¡edro de Halicarnaso con los restos del mausoleo. El nombre actual de mausoleo como gran monumento funerario procede de este edificio y del nombre de su rey Mausolo. 






EL COLOSO DE RODAS


El Coloso representaba a Helios, dios del sol, y estaba colocado en la entrada del puerto de Rodas, isla del Mar Egeo. Sus 32 metros de altura y 70 toneladas de peso permitían que los barcos pasaran por debajo de sus piernas abiertas, aunque no está demostrado que fuera así.
La gigantesca estatua fue construida por un escultor de Rodas, Cares de Lindos, que comenzó en el año 292 a. C. y terminó en el 280 a. C.  tras doce años de duro trabajo. La base era de mármol blanco y la estructura fue gradualmente levantada con acero y piedra sobre los que se depositaban capas de bronce. A partir de la cintura estaba hueca y por unas escaleras se llegaba al final para encender las luces que guiaban a los marineros, pues hacía función de faro (torre de fuego).
El coloso sólo se mantuvo en pie durante 56 años porque fue derribado por un terremoto en el año 227 a.C.


                             

El creador de la Estatua de la Libertad que se encuentra en Nueva York dijo que el Coloso de Rodas le había servido de inspiración.



LA ESTATUA DE ZEUS EN OLIMPIA


En Olimpia se encontraba uno de tantos templos dedicados a Zeus. Construido por el arquitecto Libón, no parecía nada especial. Sin embargo, una de las siete maravillas de la antigüedad clásica se encontraba en su interior y era la estatua de Zeus.  Fue obra del famoso escultor griego Fidias (490-430 ac.).
La estatua, realizada en el 432 antes de cristo, en oro y marfil, tenía una altura de 12 metros, por lo que debía ocupar prácticamente todo el interior del templo.

Era absolutamente impresionante. Representaba a Zeus sentado en un trono de madera de ébano, marfil, oro y adornado con piedras preciosas. Este trono se encontraba además decorado con diversos relieves referentes a la mitología griega. Una túnica o manto de oro caía sobre las piernas del dios. La mirada del padre de los dioses se dirigía hacia abajo en actitud de mirar a los fieles que se encontraban a sus pies. Sobre la cabeza disponía de una corona de olivo, en la mano izquierda sostenía una pequeña figura de una "niké" (diosa de la victoria), en alusión a los ganadores de los Juegos Olímpicos y en su mano derecha sostenía un cetro rematado por la figura de un águila, su emblema personal. 

El templo sufrió un incendio y nunca más se supo de la estatua, pues no se encontraron restos ni ninguna otra pista que pudiera aclarar lo sucedido realmente.



EL FARO DE ALEJANDRÍA


El Faro de Alejandría fue construido entre el año 280 y el 247 antes de Cristo en la isla de Alejandría para guiar a los marineros al puerto durante la noche. Construido con grandes bloques de piedra brillante y coloreada, tenía tres estadios: una sección más baja cuadrada y con un núcleo central, una media sección de forma octogonal y, en lo más alto, una sección circular. Con una altura estimada que oscilaba entre los 120 y los 140 metros fue considerada una de las más altas estructuras de la tierra durante varios siglos.
Fue seriamente dañado por varios terremotos y desapareció completamente en el año 1480 cuando el sultán de Egipto decidió construir una fortaleza en el lugar donde había estado el faro utilizando algunas de las piedras caídas. El nombre de la isla donde fue construida la edificación, Pharos, se convirtió con el tiempo en la palabra latina designada para referirse a todos los faros.

LA PIRÁMIDE DE GIZA


Keops, faraón de la cuarta dinastía del Antiguo Egipto, ordenó construir la gran pirámide de Giza. Veinte años fueron necesarios para concluir el trabajo, inaugurándose alrededor del año 2560 antes de Cristo. Con una altura de 146 metros y medio, consistía en cerca de 2 millones y medio de bloques de piedra caliza porteados desde canteras que se encontraban próximas. Los bloques de piedra caliza utilizados para la cubierta fueron transportados a través del río Nilo. Las gigantescas piedras de granito que se encuentran en la cámara del rey pesan entre 25 y 80 toneladas y fueron porteados desde Asuán, a más de 500 millas de distancia. Siendo la pirámide más grande de todas, se encontró en su interior la estatua más pequeña que se conoce de un faraón: solo 7 cm. y medio en marfil. La estatua representa al propio Keops.
Es la única de las Siete maravillas del Mundo Antiguo que todavía se conserva.