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domingo, 1 de marzo de 2020

FÁBULAS DE ESOPO

Esopo fue un famoso fabulista de la Antigua Grecia. En sus fábulas hay una enseñanza, una moraleja. Recogen experiencias de la vida diaria y los personajes son animales.

Haz clic en el animal que te guste y lee sus fábulas.

                        







jueves, 22 de marzo de 2018

FÁBULAS: EL LEÓN

EL LEÓN Y EL BOYERO

Un boyero que apacentaba un hato de bueyes perdió un ternero. Lo buscó, recorriendo los alrededores sin encontrarlo. Entonces prometió a Zeus que sacrificaría un cabrito en su honor si descubría quién se lo había robado.
Entró de inmediato al bosque y vio a un león comiéndose al ternero.
Levantó aterrado las manos al cielo gritando:
—¡Oh, grandioso Zeus, antes te prometí inmolarte un cabrito si encontraba al ladrón; pero ahora te prometo sacrificar un toro si consigo no caer en las garras del ladrón!

MORALEJA:
Cuando busques una solución, ten presente que al encontrarla, ésta a su vez puede convertirse en el siguiente problema.


EL LEÓN Y LOS TRES BUEYES

Pastaban juntos siempre tres bueyes. Un león quería devorarlos, pero el estar juntos los tres bueyes le impedían hacerlo, pues el luchar contra los tres a la vez lo ponía en desventaja.
Entonces con astucia recurrió a enojarlos entre sí con pérfidas patrañas, separándolos a unos de los otros. Y así, al no estar ya unidos, los devoró tranquilamente, uno a uno.

MORALEJA:
Si permites que deshagan tu unidad con los tuyos, más fácil será que te dañen.


EL LEÓN Y EL MOSQUITO VOLADOR

Un mosquito se acercó a un león y le dijo:
—No te temo, y además, no eres más fuerte que yo. Si crees lo contrario, demuéstramelo.
¿Qué arañas con tus garras y muerdes con tus dientes? ¡Eso también lo hace una mujer defendiéndose de un ladrón! Yo soy más fuerte que tú, y si quieres, ahora mismo te desafío a un combate.
Y haciendo sonar su zumbido, cayó el mosquito sobre el león, picándole repetidamente alrededor de la nariz, donde no tiene pelo.
El león empezó a arañarse con sus propias garras, hasta que renunció al combate. El mosquito victorioso hizo sonar de nuevo su zumbido; y sin darse cuenta, de tanta alegría, fue a enredarse en una tela de araña. Al tiempo que era devorado por la araña, se lamentaba que él, que luchaba contra los más poderosos y vencía, fuese a perecer a manos de un insignificante animal, la araña.

MORALEJA:
No importa lo grandes que sean los éxitos en tu vida, cuida siempre que la dicha por haber obtenido uno de ellos, no lo arruine todo.


EL BUEN REY LEÓN

Había un león que no era enojoso, ni cruel, ni violento, sino tratable y justo como una buena criatura, que llegó a ser el rey.
La tímida liebre dijo entonces:
—He anhelado ardorosamente ver llegar este día, a fin de que los débiles seamos respetados con justicia por los más fuertes.
E inmediatamente corrió lo mejor que pudo.

MORALEJA:
Cuando en un Estado se practica la justicia, los humildes pueden vivir tranquilos..., pero no deben atenerse.


EL LEÓN APRESADO POR EL LABRADOR

Entró un león en la cuadra de un labrador, y éste, queriendo cogerlo, cerró la puerta. El león, al ver que no podía salir, empezó a devorar primero a los carneros y luego a los bueyes.
Entonces el labrador, temiendo por su propia vida, abrió la puerta.
Se fue el león, y la esposa del labrador, al oírlo quejarse le dijo:
—Tienes lo que buscaste, pues ¿por qué has tratado de encerrar a una fiera que más bien debías de mantener alejada?

MORALEJA:
Si te metes a competir con los más poderosos, prepárate antes muy bien. De lo contrario saldrás malherido de la contienda.


EL LEÓN ENAMORADO DE LA HIJA DEL LABRADOR

Se había enamorado un león de la hija de un labrador y la pidió en matrimonio.
Y no podía el labrador decidirse a dar su hija a tan feroz animal, ni negársela por el temor que le inspiraba.
Entonces ideó lo siguiente: como el león no dejaba de insistir, le dijo que le parecía digno para ser esposo de su hija, pero que al menos debería cumplir con la siguiente condición: que se arrancara los dientes y se cortara sus uñas, porque eso era lo que atemorizaba a su hija.
El león aceptó los sacrificios porque en verdad la amaba.
Una vez que el león cumplió lo solicitado, cuando volvió a presentarse ya sin sus poderes, el labrador lleno de desprecio por él, lo despidió sin piedad a golpes.

MORALEJA:
Nunca te fíes demasiado como para despojarte de tus propias defensas, pues fácilmente serás vencido por los que antes te respetaban.


EL LEÓN Y LA LIEBRE

Sorprendió un león a una liebre que dormía tranquilamente. Pero cuando estaba a punto de devorarla, vio pasar a un ciervo. Dejó entonces a la liebre por perseguir al ciervo.
Despertó la liebre ante los ruidos de la persecución, y no esperando más, emprendió su huida.
Mientras tanto el león, que no pudo dar alcance al ciervo, ya cansado, regresó a tomar la liebre y se encontró con que también había huido para ponerse a salvo.
Entonces se dijo el león:
—Bien me lo merezco, pues teniendo ya una presa en mis manos la dejé para ir tras la esperanza de obtener una mayor.

MORALEJA:
Si tienes en tus manos un pequeño beneficio, cuando busques uno mayor, no abandones el pequeño que ya tienes, hasta tanto no tengas realmente en tus manos el mayor.


EL LEÓN Y EL JABALÍ

Durante el verano, cuando con el calor aumenta la sed, acudieron a beber a una misma fuente un león y un jabalí.
Discutieron sobre quien debería sería el primero en beber, y de la discusión pasaron a una feroz lucha a muerte.
Pero, en un momento de descanso, vieron una nube de aves rapaces en espera de algún vencido para devorarlo.
Entonces, recapacitando, se dijeron:
— ¡Más vale que seamos amigos y no pasto de los buitres y cuervos!

MORALEJA:
Las luchas inútiles sólo sirven para enriquecer y alimentar a sus espectadores.


EL LEÓN Y EL DELFÍN

Paseaba un león por una playa y vio a un delfín asomar su cabeza fuera del agua.
Le propuso entonces una alianza:
—Nos conviene unirnos a ambos, siendo tú el rey de los animales del mar y yo el de los terrestres —le dijo.
Aceptó gustoso el delfín. Y el león, quien desde hacía tiempo se hallaba en guerra contra un loro salvaje, llamó al delfín a que le ayudara. Intentó el delfín salir del agua, mas no lo consiguió, por lo que el león lo acusó de traidor.
—¡No soy yo el culpable ni a quien debes acusar, sino a la Naturaleza —respondió el delfín—, porque ella es quien me hizo acuático y no me permite pasar a la tierra!

MORALEJA:
Cuando busques alianzas, fíjate que tus aliados estén en verdad capacitados de unirte a ti en lo pactado.


EL LEÓN, LA ZORRA Y EL LOBO

Cansado y viejo el rey león se quedó enfermo en su cueva, y los demás animales, excepto la zorra, lo fueron a visitar. Aprovechando la ocasión de la visita, acusó el lobo a la zorra expresando lo siguiente:
—Ella no tiene por nuestra alteza ningún respeto, y por eso ni siquiera se ha acercado a saludar o preguntar por su salud.
En ese preciso instante llegó la zorra, justo a tiempo para oír lo dicho por el lobo. Entonces el león, furioso al verla, lanzó un feroz grito contra la zorra; pero ella, pidió la palabra para justificarse, y dijo:
—Dime, de entre todas las visitas que aquí tenéis, ¿quién te ha dado tan especial servicio como el que he hecho yo, que busqué por todas partes médicos que con su sabiduría te recetaran un remedio ideal para curarte, encontrándolo por fin?
—¿Y cuál es ese remedio?, dímelo inmediatamente. —Ordenó el león.
—Debes sacrificar a un lobo y ponerte su piel como abrigo —respondió la zorra.
Inmediatamente el lobo fue condenado a muerte, y la zorra, riéndose exclamó:
—Al patrón no hay que llevarlo hacia el rencor, sino hacia la benevolencia.

MORALEJA:
Quien tiende trampas para los inocentes, es el primero en caer en ellas.


EL LEÓN Y EL ASNO INGENUO

Se juntaron el león y el asno para cazar animales salvajes. El león utilizaba su fuerza y el asno las coces de sus pies. Una vez que acumularon cierto número de piezas, el león las dividió en tres partes y le dijo al asno:
—La primera me pertenece por ser el rey; la segunda también es mía por ser tu socio, y sobre la tercera, mejor te vas largando si no quieres que te vaya como a las presas.

MORALEJA:
Para que no te pase como al asno, cuando te asocies, hazlo con socios de igual poder que tú, no con otros todopoderosos.


EL LEÓN Y EL ASNO PRESUNTUOSO

De nuevo se hicieron amigos el ingenuo asno y el león para salir de caza. Llegaron a una cueva donde se refugiaban unas cabras monteses, y el león se quedó a guardar la salida, mientras el asno ingresaba a la cueva coceando y rebuznando, para hacer salir a las cabras.
Una vez terminada la acción, salió el asno de la cueva y le preguntó si no le había parecido excelente su actuación al haber luchado con tanta bravura para expulsar a las cabras.
—¡Oh sí, soberbia —repuso el león, que hasta yo mismo me hubiera asustado si no supiera de quién se trataba!

MORALEJA:
Si te alabas a ti mismo, serás simplemente objeto de la burla, sobre todo de los que mejor te conocen.


EL LEÓN Y EL RATÓN

Dormía tranquilamente un león, cuando un ratón empezó a juguetear encima de su cuerpo. Despertó el león y rápidamente atrapó al ratón; y a punto de ser devorado, le pidió éste que le perdonara, prometiéndole pagarle cumplidamente llegado el momento oportuno. El león se echó a reír y lo dejó marchar.
Pocos días después unos cazadores apresaron al rey de la selva y le ataron con una cuerda a un frondoso árbol. Pasó por ahí el ratoncillo, quien al oír los lamentos del león, corrió al lugar y con sus afilados dientes empezó a roer la cuerda, dejándolo libre.
—Días atrás — le dijo —, te burlaste de mí pensando que nada podría hacer por ti en agradecimiento. Ahora es bueno que sepas que los pequeños ratones somos agradecidos y cumplidos.

MORALEJA:
Nunca desprecies las promesas de los pequeños honestos. Cuando llegue el momento las cumplirán.


EL LEÓN, LA ZORRA Y EL ASNO

El león, la zorra y el siempre ingenuo asno se asociaron para ir de caza.
Cuando ya tuvieron bastante, dijo el león al asno que repartiera entre los tres el botín. Hizo el asno tres partes iguales y le pidió al león que escogiera la suya. Indignado por haber hecho las tres partes iguales, saltó sobre él y lo devoró.
Entonces pidió a la zorra que fuera ella quien repartiera.
La zorra hizo un montón de casi todo, dejando en el otro grupo sólo unas piltrafas. Llamó al león para que escogiera de nuevo.
Al ver aquello, le preguntó el león que quién le había enseñado a repartir tan bien.
— ¡Pues el asno, señor, el asno!

MORALEJA:
Siempre es bueno no despreciar el error ajeno y aprender de él.


EL LEÓN Y EL TORO

Pensando el león como capturar un toro muy corpulento, decidió utilizar la astucia. Le dijo al toro que había sacrificado un carnero y que lo invitaba a compartirlo. Su plan era atacarlo cuando se hubiera echado junto a la mesa.
Llegó al sitio el toro, pero viendo sólo grandes fuentes y asadores y ni asomo de carnero, se largó sin decir una palabra.
Le reclamó el león que por qué se marchaba así, pues nada le había hecho.
— Sí que hay motivo —respondió el toro—, pues todos los preparativos que has hecho no son para el cuerpo de un carnero, sino para el de un toro.

MORALEJA:
Observa y analiza siempre con cuidado tu alrededor y así estarás mejor protegido de los peligros.


EL LEÓN Y EL CIERVO

Estaba un león muy furioso, rugiendo y gritando sin ninguna razón.
Lo vio un ciervo a prudente distancia y exclamó:
—¡Desdichados de nosotros, los demás animales del bosque, si cuando el león estaba sosegado nos era tan insoportable, ¿de qué no será capaz estando en la forma que está ahora?

MORALEJA:
Cuidémonos de no dar nunca poder a los irascibles y dañinos, pues si ya sin motivo nos dañan, más lo harán si por cualquier causa se sienten inconformes.


EL LEÓN, LA ZORRA Y EL RATÓN

Dormía tranquilamente un león, cuando un ratoncillo se puso a correr sobre su cuerpo.
Se despertó el león, y se movió en todas direcciones buscando a ver quién era el intruso que le molestaba.
Lo observaba una zorra, y le criticó por creer que tenía miedo de un simple ratoncillo, siendo él todo un señor león.
— No es miedo del ratoncillo — dijo el león—, sino que me sorprendió que hubiera un animal que tuviera el valor de pisotear el cuerpo de un león dormido.

MORALEJA:
Nunca dejes de cuidarte hasta de las más pequeñas cosas, por ínfimas que sean.







jueves, 15 de marzo de 2018

FÁBULAS: EL LOBO

LOS LOBOS Y LOS CARNEROS

Intentaban los lobos sorprender a un rebaño de carneros. Pero gracias a los perros guardianes, no podían conseguirlo. Entonces decidieron emplear su astucia. Enviaron unos delegados a los carneros para pedirles que les entregaran a sus perros diciéndoles:
—Los perros son los causantes de que haya enemistad entre ustedes y nosotros. Sólo tienen que entregárnoslos y la paz reinará entre nosotros.
Y los ingenuos carneros, sin sospechar lo que sucedería, les entregaron los perros, y los lobos, ya libres de los perros, se apoderaron sin problemas del rebaño.

MORALEJA:
Nunca le entregues a los enemigos, a los que te dan apoyo y protección.


LOS LOBOS, LOS CARNEROS Y EL CARNERO MAYOR

Enviaron los lobos una representación a un rebaño de carneros, prometiéndoles hacer una paz permanente si les entregaban a los perros. Los carneros aceptaron hacerlo, exceptuando a un viejo carnero padre que les reclamó a los lobos:
—¿Cómo les voy a creer y vivir con ustedes, si ahora mismo, aún con el cuido de los perros no puedo pacer con tranquilidad?

MORALEJA:
Nunca te desprendas de lo que es primordial para tu propia seguridad.


EL LOBO, ORGULLOSO DE SU SOMBRA, Y EL LEÓN

Vagaba cierto día un lobo por lugares solitarios, a la hora en que el sol se pone en el horizonte. Y viendo su sombra bellamente alargada exclamó:
—¿Cómo me va a asustar el león con semejante talla que tengo? ¡Con treinta metros de largo, bien fácil me será convertirme en rey de los animales!
Y mientras soñaba con su orgullo, un poderoso león le cayó encima y empezó a devorarlo. Entonces el lobo, cambiando de opinión se dijo:
— La presunción es causa de mi desgracia.

MORALEJA:
Nunca valores tus virtudes por la apariencia con que las ven tus ojos, pues fácilmente te engañarás.


EL LOBO Y EL CORDERO EN EL ARROYO

Miraba un lobo a un cordero que bebía en un arroyo e imaginó un simple pretexto a fin de devorarlo. Así, aun estando él más arriba en el curso del arroyo, le acusó de enturbiarle el agua, impidiéndole beber. Y le respondió el cordero:
—Pero si sólo bebo con la punta de los labios, y además estoy más abajo y por eso no te puedo enturbiar el agua que tienes allá arriba.
Viéndose el lobo descubierto, insistió: — El año pasado injuriaste a mis padres.
—¡Pero en ese entonces ni siquiera había nacido yo! —contestó el cordero.
Dijo entonces el lobo:
—Ya veo que te justificas muy bien, mas no por eso te dejaré ir; serás mi cena.

MORALEJA:
Para quien hacer el mal es su profesión, de nada valen argumentos para no hacerlo. No te acerques nunca donde los malvados.


EL LOBO Y EL CORDERO EN EL TEMPLO

Dándose cuenta de que era perseguido por un lobo, un corderito decidió refugiarse en un templo cercano.
Lo llamó el lobo y le dijo que si el sacrificador lo encontraba allí dentro, lo inmolaría a su dios.
—¡Mejor así! —replicó el cordero— prefiero ser víctima para un dios a tener que perecer en tus colmillos.

MORALEJA:
Si sin remedio vamos a ser sacrificados, más nos vale que sea con el mayor honor.


EL LOBO Y LA CABRA

Encontró un lobo a una cabra que pastaba a la orilla de un precipicio. Como no podía llegar a donde estaba ella le dijo:
—Oye amiga, mejor baja pues te puedes caer. Además, este prado donde estoy, está verde y crecido. —Pero la cabra le dijo:
—Bien sé que no me invitas a comer a mí, sino a ti mismo, siendo yo tu plato.

MORALEJA:
Conoce siempre a los malvados, para que no te atrapen con sus engaños.



EL LOBO, LA NANA Y EL NIÑO

Se hallaba hambriento un lobo y vagaba en busca de su comida. Llegó a una choza y oyó a un niño que lloraba y a su nana que le decía:
—No llores, mi niño, porque te llevo donde el lobo.
Creyendo el lobo aquellas palabras, se quedó esperando por mucho tiempo. Y llegada la noche, la nana, cuando arrullaba al niño le cantaba:
— Si viene el lobo, lo mataremos.
Al oír el lobo las nuevas palabras, siguió su camino meditando:
—En esta casa dicen primero una cosa y después quieren hacer otra muy diferente.

MORALEJA:
Más importante que las palabras son los actos de amor verdadero.



EL LOBO Y LA GRULLA

Un lobo comía un hueso cuando de pronto se le atragantó en la garganta, entonces empezó a correr por todas partes en busca de auxilio.
Encontró en su correr a una grulla y le pidió que le salvara de aquella situación, diciendo que le pagaría por ello. Aceptó la grulla e introdujo su cabeza en la boca del lobo y con su pico sacó de la garganta el hueso atravesado. Pidió entonces la paga convenida.
—Oye amiga —dijo el lobo— ¿No crees que es suficiente paga con haber sacado tu cabeza sana y salva de mi boca?

MORALEJA:
Nunca hagas favores a malvados, traficantes o corruptos, pues mucha paga tendrías si te dejan sano y salvo.



EL LOBO Y EL CABALLO

Pasaba un lobo por un sembrado de cebada, pero como no era comida de su gusto siguió su camino. Encontró al rato a un caballo y le llevó al campo, comentándole la gran cantidad de cebada que había hallado, pero que en vez de comérsela él, mejor se la había dejado porque le agradaba más oír el ruido de sus dientes al masticarla. Pero el caballo le repuso:
—¡Amigo, si los lobos comieran cebada, no hubieras preferido complacer a tus oídos sino a tu estómago!

MORALEJA:
A todo malvado, aunque parezca actuar como bueno, no se le debe creer.



EL LOBO Y EL ASNO

Un lobo fue elegido rey entre sus congéneres y decretó una ley ordenando que lo que cada uno capturase en la caza, lo pusiera en común y lo repartiese por partes iguales entre todos; de esta manera ya no tendrían los lobos que devorarse unos a otros en épocas de hambre.
Pero en eso lo escuchó un asno que estaba por ahí cerca, y moviendo sus orejas le dijo:
—Magnífica idea ha brotado de tu corazón, pero ¿por qué has escondido todo tu botín en tu cueva? Llévalo a tu comunidad y repártelo también, como lo has decretado.
El lobo, descubierto y confundido, derogó su ley.

MORALEJA:
Si alguna vez llegas a tener poder de legislar, sé el primero en cumplir tus propias leyes.



EL LOBO Y EL LEÓN

Cierta vez un lobo, después de capturar a un carnero en un rebaño, lo arrastraba a su guarida. Pero un león que lo observaba, salió a su paso y se lo arrebató.
Molesto el lobo, guardando cierta distancia, le reclamó:
—¡Injustamente me arrebatas lo que es mío!
El león, riéndose, le dijo:
—Ajá, seguro me vas a decir que tú lo recibiste buenamente de un amigo.

MORALEJA:
Lo que ha sido mal habido, de alguna forma llegará a ser perdido.



EL LOBO Y EL PERRO

Se encontró un lobo con un corpulento perro sujeto por un collar, y le preguntó:
—¿Quién te ha encadenado y quién te ha alimentado de esa forma?
—Mi amo, el cazador —respondió el perro.
—¡Que los dioses nos libren a los lobos de semejante destino! Prefiero morir de hambre a tener que cargar tan pesado collar.

MORALEJA:
Vale más el duro trabajo en libertad, que el placer en esclavitud.



EL LOBO Y EL PASTOR

Acompañaba un lobo a un rebaño de ovejas pero sin hacerles daño. Al principio el pastor lo observaba y tenía cuidado de él como un enemigo. Pero como el lobo le seguía y en ningún momento intentó robo alguno, llegó a pensar el pastor que más bien tenía un guardián de aliado.
Cierto día, teniendo el pastor necesidad de ir al pueblo, dejó sus ovejas confiadamente junto al lobo y se marchó.
El lobo, al ver llegado el momento oportuno, se lanzó sobre el rebaño y devoró casi todo.
Cuando regresó el pastor y vio todo lo sucedido exclamó:
—Bien merecido lo tengo; porque ¿De dónde saqué confiar las ovejas a un lobo?

MORALEJA:
Nunca dejes tus valores al alcance de los codiciosos, no importa su inocente apariencia.



EL LOBO HARTO Y LA OVEJA

Un lobo hartado de comida y sin hambre, vio a una oveja tendida en el suelo. Dándose cuenta que se había desplomado simplemente de terror, se le acercó, y tranquilizándola le prometió dejarla ir si le decía tres verdades.
Le dijo entonces la oveja que la primera es que preferiría no haberle encontrado; la segunda, que como ya lo encontró, hubiera querido encontrarlo ciego; y por tercera verdad le dijo:
—¡Ojalá, todos los lobos malvados murieran de mala muerte, ya que, sin haber recibido mal alguno de nosotras, nos dan una guerra cruel!
Reconoció el lobo la realidad de aquellas verdades y dejó marchar a la oveja.

MORALEJA:
Camina siempre soportado en la verdad y ella te abrirá los caminos del éxito, aún entre adversarios.



EL LOBO HERIDO Y LA OVEJA

Un lobo que había sido mordido por unos perros, yacía en el suelo todo malherido. Viendo la imposibilidad de procurarse comida en esa situación, pidió a una oveja que pasaba por allí que le llevara un poco de agua del cercano río.
—Si me traes agua para beber —le dijo—, yo mismo me encargaré de mi comida.
—Si te llevo agua para beber —respondió la oveja—, yo misma asistiré a tu cena.

MORALEJA:
Prevé siempre el verdadero fondo de las aparentemente inocentes propuestas de los malhechores.



EL LOBO Y EL LABRADOR

Llevó un labrador su yunta de bueyes al abrevadero. Caminaba por ahí cerca un lobo hambriento en busca de comida.
Encontró el lobo el arado y empezó a lamer los bordes del yugo, y enseguida y sin darse cuenta terminó por meter su cabeza adentro. Agitándose como mejor podía para soltarse, arrastraba el arado a lo largo del surco.
Al regresar el labrador y viéndolo en esta actividad le dijo:
—¡Ah, lobo ladrón, que felicidad si fuera cierto que renunciaste a tu oficio y te has unido a trabajar honradamente la tierra!

MORALEJA:
A veces, por casualidad o no, los malvados parecieran actuar bien, mas su naturaleza siempre los delata.



EL LOBO Y EL CABRITO ENCERRADO

Protegido por la seguridad del corral de una casa, un cabrito vio pasar a un lobo y comenzó a insultarle, burlándose ampliamente de él. El lobo, serenamente le replicó:
—¡Infeliz! Sé que no eres tú quien me está insultando, sino el sitio en que te encuentras.

MORALEJA:
Muy a menudo, no es el valor, sino la ocasión y el lugar, quienes proveen el enfrentamiento arrogante ante los poderosos.



EL LOBO FLAUTISTA Y EL CABRITO

Un cabrito se rezagó en el rebaño y fue alcanzado por un lobo que lo perseguía. Se volvió hacia éste y le dijo:
—Ya sé, señor lobo, que estoy condenado a ser tu almuerzo. Pero para no morir sin honor, toca la flauta y yo bailaré por última vez.
Y así lo hicieron, pero los perros, que no estaban lejos, oyeron el ruido y salieron a perseguir al lobo. Viendo la mala pasada, se dijo el lobo:
— Con sobrada razón me ha sucedido esto, porque siendo yo cazador, no debí meterme a flautista.

MORALEJA:
Cuando vayas a efectuar una nueva actividad, antes ten en cuenta tus capacidades y las circunstancias, para valorar si puedes salir adelante.







jueves, 1 de marzo de 2018

FÁBULAS: LA RANA

LAS RANAS Y EL PANTANO SECO

Vivían dos ranas en un bello pantano, pero llegó el verano y se secó, por lo cual lo abandonaron para buscar otro con agua. Hallaron en su camino un profundo pozo repleto de agua, y al verlo, dijo una rana a la otra:
—Amiga, bajemos las dos a este pozo.
—Pero, y si también se secara el agua de este pozo —repuso la compañera—, ¿cómo crees que subiremos entonces?

MORALEJA:
Al tratar de emprender una acción, analiza primero las consecuencias de ella.


LA RANA DEL PANTANO Y LA RANA DEL CAMINO

Vivía una rana felizmente en un pantano profundo, alejado del camino, mientras su vecina vivía muy orgullosa en una charca al centro del camino.
La del pantano le insistía a su amiga que se fuera a vivir al lado de ella, alejada del camino; que allí estaría mejor y más segura.
Pero no se dejó convencer, diciendo que le era muy difícil abandonar una morada donde ya estaba establecida y satisfecha.
Y sucedió que un día pasó por el camino, sobre la charca, un carretón, y aplastó a la pobre rana que no quiso aceptar el mudarse.

MORALEJA:
Si tienes la oportunidad de mejorar tu posición, no la rechaces.


LAS RANAS PIDIENDO REY

Cansadas las ranas del propio desorden y anarquía en que vivían, mandaron una delegación a Zeus para que les enviara un rey.
Zeus, atendiendo su petición, les envió un grueso leño a su charca.
Espantadas las ranas por el ruido que hizo el leño al caer, se escondieron donde mejor pudieron. Por fin, viendo que el leño no se movía más, fueron saliendo a la superficie y dada la quietud que predominaba, empezaron a sentir tan grande desprecio por el nuevo rey, que brincaban sobre él y se le sentaban encima, burlándose sin descanso.
Y así, sintiéndose humilladas por tener de monarca a un simple madero, volvieron donde Zeus, pidiéndole que les cambiara al rey, pues éste era demasiado tranquilo.
Indignado Zeus, les mandó una activa serpiente de agua que, una a una, las atrapó y devoró a todas sin compasión.

MORALEJA:
A la hora de elegir los gobernantes, es mejor escoger a uno sencillo y honesto, en vez de a uno muy emprendedor pero malvado o corrupto.


LA RANA QUE DECÍA SER MÉDICO Y LA ZORRA

Gritaba un día una rana desde su pantano a los demás animales:
—¡Soy médico y conozco muy bien todos los remedios para todos los males!
La oyó una zorra y le reclamó:
—¿Cómo te atreves a anunciar ayudar a los demás, cuando tú misma cojeas y no te sabes curar?

MORALEJA:
Nunca proclames ser lo que no puedes demostrar con el ejemplo.


LA RANA GRITONA Y EL LEÓN

Oyó una vez un león el croar de una rana y se volvió hacia donde venía el sonido, pensando que era de algún animal muy importante.
Esperó y observó con atención un rato, cuando vio a la rana que salía del pantano, se le acercó y la aplastó diciendo:
— ¡Tú, tan pequeña y lanzando esos tremendos gritos!

MORALEJA:
Quien mucho habla, poco es lo que dice.










jueves, 1 de febrero de 2018

FÁBULAS: LA ZORRA

LAS ZORRAS A ORILLAS DEL RÍO MEANDRO


Se reunieron un día las zorras a orillas del río Meandro con el fin de calmar su sed; pero el río estaba muy turbulento, y aunque se animaban unas a otras, ninguna se atrevía a ingresar al río.
Al fin una de ellas habló, y queriendo humillar a las demás, se burlaba de su cobardía presumiendo ser ella la más valiente. Así que saltó al agua atrevida e imprudentemente. Pero la fuerte corriente la arrastró al centro del río, y las compañeras desde la orilla le gritaban:
—¡No nos dejes compañera, vuelve y dinos cómo podremos beber agua sin peligro!
Pero la imprudente, arrastrada sin remedio alguno, tratando de ocultar su cercana muerte, contestó:
—Ahora llevo un mensaje para Mileto; cuando vuelva les enseñaré cómo pueden hacerlo.

MORALEJA:
Por lo general, los fanfarrones siempre están al alcance del peligro.


LA ZORRA A LA QUE SE LE LLENÓ SU VIENTRE

Una zorra hambrienta encontró en el tronco de una encina unos pedazos de carne y de pan que unos pastores habían dejado escondidos en una cavidad. Y entrando en dicha cavidad, se los comió todos.
Pero tanto comió y se le agrandó tanto el vientre que no pudo salir. Empezó a gemir y a lamentarse del problema en que había caído.
Por casualidad pasó por allí otra zorra, y oyendo sus quejidos se le acercó y le preguntó que le ocurría. Cuando se enteró de lo acaecido, le dijo:
—¡Pues quédate tranquila hermana hasta que vuelvas a tener la forma en que estabas, entonces de seguro podrás salir fácilmente sin problema!

MORALEJA:
Con paciencia se resuelven muchas dificultades.


LA ZORRA Y EL ESPINO

Una zorra saltaba sobre unos montículos y estuvo de pronto a punto de caerse; para evitar la caída, se agarró a un espino, pero sus púas le hirieron las patas y sintiendo el dolor que ellas le producían, le dijo al espino:
—¡ Acudí a ti por tu ayuda, y más bien me has herido!
A lo que respondió el espino:
—¡Tú tienes la culpa, amiga, por agarrarte de mí, bien sabes lo bueno que soy para enganchar y herir a todo el mundo, y tú no eres la excepción!

MORALEJA:
Nunca pidas ayuda a quien acostumbra a hacer el daño.


LA ZORRA Y EL LEÑADOR

Una zorra estaba siendo perseguida por unos cazadores cuando llegó al sitio de un leñador y le suplicó que la escondiera. El hombre le aconsejó que ingresara a su cabaña.
Casi de inmediato llegaron los cazadores, y le preguntaron al leñador si había visto a la zorra.
El leñador, con la voz les dijo que no, pero con su mano disimuladamente señalaba la cabaña donde se había escondido.
Los cazadores no comprendieron las señas de la mano y se confiaron únicamente en lo dicho con la palabra.
La zorra al verlos marcharse, salió silenciosa, sin decirle nada al leñador.
El leñador le reprochó por qué a pesar de haberla salvado, no le daba las gracias, a lo que la zorra respondió:
—Te hubiera dado las gracias si tus manos y tu boca hubieran dicho lo mismo.

MORALEJA:
No niegues con tus actos, lo que pregonas con tus palabras.


LA ZORRA Y LA SERPIENTE

Se encontraba una higuera a la orilla de un camino, y una zorra vio junto a ella una serpiente dormida.
Envidiando aquel cuerpo tan largo y pensando en que podría igualarlo, se echó la zorra a tierra al lado de la serpiente e intentó estirarse cuanto pudo.
Tanto esfuerzo hizo, hasta que al fin, por vanidosa, se reventó.

MORALEJA:
No imites a los más grandes, si aún no tienes las condiciones para hacerlo.


LA ZORRA Y LOS RACIMOS DE UVAS

Estaba una zorra con mucha hambre, y al ver colgando de una parra unos deliciosos racimos de uvas, quiso atraparlos con su boca.
Mas no pudiendo alcanzarlos, a pesar de sus esfuerzos, se alejó diciéndose:
— ¡Ni me agradan, están tan verdes!

MORALEJA:
Nunca traslades la culpa a los demás de lo que no eres capaz de alcanzar.


LA ZORRA Y EL COCODRILO

Discutían un día la zorra y el cocodrilo sobre la nobleza de sus antepasados.
Por largo rato habló el cocodrilo acerca de la alcurnia de sus ancestros y terminó por decir que sus padres habían llegado a ser los guardianes del gimnasio.
— No es necesario que me lo digas —replicó la zorra—; las cualidades de tu piel demuestran muy bien que desde hace muchos años te dedicas a los ejercicios de gimnasia.

MORALEJA:
Recuerda que lo que a simple vista se ve, no se puede ocultar con la mentira.


LA ZORRA Y LA PANTERA

Disputaban otro día la zorra y la pantera acerca de su belleza.
La pantera alababa muy especialmente los especiales pintados de su piel.
Replicó entonces la zorra diciendo:
—¡Mucho más hermosa me considero yo, no por las apariencias de mi cuerpo, sino más bien por mi espíritu!

MORALEJA:
Las cualidades del espíritu son preferibles a las del cuerpo.


LA ZORRA Y EL MONO CORONADO REY

En una junta de animales, bailó tan bonito el mono, que ganándose la simpatía de los espectadores, fue elegido rey.
Celosa la zorra por no haber sido ella la elegida, vio un trozo de comida en un cepo y llevó allí al mono, diciéndole que había encontrado un tesoro digno de reyes, pero que en lugar de tomarlo para llevárselo a él, lo había guardado para que fuera él personalmente quien lo cogiera, ya que era una prerrogativa real.
El mono se acercó sin más reflexión, y quedó prensado en el cepo.
Entonces la zorra, a quien el mono acusaba de tenderle aquella trampa, repuso:
—¡Eres muy tonto, mono, y todavía pretendes reinar entre todos los animales!

MORALEJA:
No te lances a una empresa, si antes no has reflexionado sobre sus posibles éxitos o peligros.


LA ZORRA Y EL PERRO

Penetró una zorra en un rebaño de corderos, y arrimando a su pecho a un pequeño corderillo, fingió acariciarle.
Llegó un perro de los que cuidaban el rebaño y le preguntó:
—¿Qué estás haciendo?
—Le acaricio y juego con él —contestó con cara de inocencia.
—¡Pues suéltalo enseguida, si no quieres conocer mis mejores caricias!

MORALEJA:
Al que no está preparado lo delatan sus actos. Estudia y aprende con gusto y tendrás éxito en tu vida.


LA ZORRA Y EL MONO DISCUTEN SOBRE SU NOBLEZA

Viajaban juntos por esta tierra una zorra y un mono, comentando a la vez cada uno sobre su nobleza.
Mientras cada cual detallaba ampliamente sus títulos, llegaron a cierto lugar. Volvió el mono su mirada hacia un cementerio y rompió a llorar.
Preguntó la zorra que le ocurría, y el mono, mostrándole unas tumbas le dijo:
—¡Oh, cómo no voy a llorar cuando veo las lápidas funerarias de esos grandes héroes, mis antepasados!
—¡Puedes mentir cuanto quieras —contestó la zorra—; pues ninguno de ellos se levantará para contradecirte!

MORALEJA:
Sé siempre honesto en tu vida. Nunca sabrás si el vecino que te escucha sabe la verdad y corroborará o desmentirá tus palabras.


LA ZORRA Y EL CHIVO EN EL POZO

Cayó una zorra en un profundo pozo, viéndose obligada a quedar adentro por no poder alcanzar la orilla.
Llegó más tarde al mismo pozo un chivo sediento, y viendo a la zorra le preguntó si el agua era buena. Ella, ocultando su verdadero problema, se deshizo en elogios para el agua, afirmando que era excelente, e invitó al chivo a descender y probarla donde ella estaba.
Sin más pensarlo, saltó el chivo al pozo, y después de saciar su sed le preguntó a la zorra cómo harían para salir de allí.
Dijo entonces la zorra:
—Hay un modo, que sin duda es nuestra mutua salvación.
Apoya tus patas delanteras contra la pared y alza bien arriba tus cuernos; luego yo subiré por tu cuerpo y una vez afuera, tiraré de ti.
Le creyó el chivo y así lo hizo con gusto. La zorra trepó hábilmente por la espalda y los cuernos de su compañero y salió del pozo, alejándose de la orilla al instante, sin cumplir con lo prometido.
Cuando el chivo le reclamó la violación de su convenio, se volvió la zorra y le dijo:
—¡Oye, socio, si tuvieras tanta inteligencia como pelos en tu barba, no hubieras bajado sin pensar antes en cómo salir después!

MORALEJA:
Antes de comprometerte en algo, piensa primero si podrías salir de aquello, sin tomar en cuenta lo que te ofrezcan tus vecinos.


LA ZORRA CON EL RABO CORTADO

Una zorra, a la cual un cepo le había cortado la cola, estaba tan avergonzada que consideraba su vida horrorosa y humillante, por lo cual decidió que la solución sería aconsejar a las demás hermanas cortarse también la cola, para así disimular con la igualdad general, su defecto personal.
Reunió entonces a todas sus compañeras, diciéndoles que la cola no sólo era un feo agregado, sino además una carga sin razón.
Pero una de ellas tomó la palabra y dijo:
—Oye hermana, si no fuera por tu conveniencia de ahora, ¿nos darías en realidad este consejo?

MORALEJA:
Cuídate de los que dan consejo en busca de su propio beneficio y no por hacer realmente un bien.


LA ZORRA QUE NUNCA HABÍA VISTO UN LEÓN

Había una zorra que nunca había visto un león.
La puso el destino un día delante de la real fiera. Y como era la primera vez que le veía, sintió un miedo espantoso y se alejó tan rápido como pudo.
Al encontrar al león por segunda vez, aún sintió miedo, pero menos que antes, y lo observó con calma por un rato.
En fin, al verlo por tercera vez, se envalentonó lo suficiente hasta llegar a acercarse a él para entablar conversación.

MORALEJA:
En la medida que vayas conociendo algo, así le irás perdiendo el temor. Pero mantén siempre la distancia y prudencia adecuada.


LA ZORRA Y LA CARETA VACÍA

Entró un día una zorra en la casa de un actor, y después de revisar sus utensilios, encontró entre muchas otras cosas una máscara artísticamente trabajada.
La tomó entre sus patas, la observó y se dijo:
—¡Hermosa cabeza! Pero qué lástima que no tiene sesos.

MORALEJA:
No te llenes de apariencias vacías. Llénate mejor siempre de buen juicio.


LA ZORRA Y EL HOMBRE LABRADOR

Había un hombre que odiaba a una zorra porque le ocasionaba algunos daños ocasionalmente.
Después de mucho intentarlo, pudo al fin cogerla, y buscando vengarse de ella, le ató a la cola una mecha empapada en aceite y le prendió fuego.
Pero un dios llevó a la zorra a los campos que cultivaba aquel hombre.
Era la época en que ya se estaba listo para la recolección del producto y el labrador siguiendo a la raposa, contempló llorando, cómo al pasar ella por sus campos, se quemaba toda su producción.

MORALEJA:
Procura ser comprensivo e indulgente, pues siempre sucede que el mal que generamos, tarde o temprano se regresa en contra nuestra.


LA ZORRA Y EL CANGREJO DE MAR

Queriendo mantener su vida solitaria, pero un poco diferente a la ya acostumbrada, salió un cangrejo del mar y se fue a vivir a la playa.
Lo vio una zorra hambrienta, y como no encontraba nada mejor para comer, corrió hacia él y lo capturó.
Entonces el cangrejo, ya listo para ser devorado exclamó:
—¡Merezco todo esto, porque siendo yo animal del mar, he querido comportarme como si fuera de la tierra!

MORALEJA:
Si intentas entrar a terrenos desconocidos, toma primero las precauciones debidas, no vayas a ser derrotado por lo que no conoces.


LA ZORRA Y EL CUERVO HAMBRIENTO

Un flaco y hambriento cuervo se posó en una higuera, y viendo que los higos aún estaban verdes, se quedó en el sitio a esperar a que maduraran.
Vio una zorra al hambriento cuervo eternizado en la higuera y le preguntó qué hacía. Una vez que lo supo, le dijo:
—Haces muy mal perdiendo el tiempo confiado a una lejana esperanza; la esperanza se llena de bellas ilusiones, mas no de comida.

MORALEJA:
Si tienes una necesidad inmediata, de nada te servirá pensar satisfacerla con cosas inalcanzables.


LA ZORRA Y EL CUERVO GRITÓN

Un cuervo robó a unos pastores un pedazo de carne y se retiró a un árbol.
Lo vio una zorra, y deseando apoderarse de aquella carne, empezó a halagar al cuervo, elogiando sus elegantes proporciones y su gran belleza, agregando además que no había encontrado a nadie mejor dotado que él para ser el rey de las aves, pero que lo afectaba el hecho de que no tuviera voz.
El cuervo, para demostrarle a la zorra que no le faltaba la voz, soltó la carne para lanzar con orgullo fuertes gritos.
La zorra, sin perder tiempo, rápidamente cogió la carne y le dijo:
—Amigo cuervo, si además de vanidad tuvieras entendimiento, nada más te faltaría realmente para ser el rey de las aves.

MORALEJA:
Cuando te adulen, es cuando con más razón debes cuidar de tus bienes.


LAS ZORRAS, LAS ÁGUILAS Y LAS LIEBRES

Cierto día las águilas se declararon en guerra contra las liebres.
Fueron entonces éstas a pedirle ayuda a las zorras. Pero ellas les contestaron:
—Las hubiéramos ayudado si no supiéramos quienes son ustedes y si tampoco supiéramos contra quienes luchan.

MORALEJA:
Antes de decidir unirte a una campaña, mide primero la capacidad de los posibles adversarios.


LA ZORRA Y LA LIEBRE

Dijo un día una liebre a una zorra:
—¿Podrías decirme si realmente es cierto que tienes muchas ganancias, y por qué te llaman la "ganadora"?
—Si quieres saberlo —contestó la zorra—, te invito a cenar conmigo.
Aceptó la liebre y la siguió; pero al llegar a casa de doña zorra vio que no había más cena que la misma liebre.
Entonces dijo la liebre:
—¡Al fin comprendo para mi desgracia de donde viene tu nombre: no es de tus trabajos, sino de tus engaños!

MORALEJA:
Nunca le pidas lecciones a los tramposos, pues tú mismo serás el tema de la lección.


LA ZORRA, EL OSO Y EL LEÓN

Un león y un oso encontraron al mismo tiempo a un cervatillo, entonces se retaron en combate a ver cuál de los dos se quedaba con la presa.
Una zorra que por allí pasaba, viéndolos extenuados por la lucha y con el cervatillo al medio, se apoderó de éste y corrió pasando tranquilamente entre ellos.
Y tanto el oso como el león, agotados y sin fuerzas para levantarse, murmuraron:
—¡Desdichados nosotros! ¡Tanto esfuerzo y tanta lucha hicimos para que todo quedara para la zorra!

MORALEJA:
Por empeñarnos en no querer compartir, podemos perderlo todo.


LA ZORRA Y EL LEÓN ANCIANO

Un anciano león, incapaz ya de obtener por su propia fuerza la comida, decidió hacerlo usando la astucia. Para ello se dirigió a una cueva y se tendió en el suelo, gimiendo y fingiendo que estaba enfermo. De este modo, cuando los otros animales pasaban para visitarle, los atrapaba inmediatamente para su comida.
Habían llegado y perecido ya bastantes animales, cuando la zorra, adivinando cuál era su ardid, se presentó también, y deteniéndose a prudente distancia de la caverna, preguntó al león cómo le iba con su salud.
—Claro que hubiera entrado —le dijo la zorra— si no viera que todas las huellas entran, pero no hay ninguna que salga.

MORALEJA:
Siempre advierte a tiempo los indicios del peligro y así evitarás que te dañe.